Hemos llegado a Stavanger a las 11:30 y antes de comer, visitamos el centro del pueblo. Está lloviendo a cántaros... Comemos en el barco deprisa porque la excursión al fiordo Lyse sale a las 13:30. Cogemos un barco rápido que nos lleva desde el puerto hasta la mitad del fiordo, pasando por una granja de salmones, la isla Tingholmen (donde el rey Olav Tryggvason realizó en 998 la 1ª Asamblea Nacional), y el Hogsfjord, donde las familias adineradas poseen sus casas de verano.
Entramos con el barco hacia la Fantahala o cueva de los vagabundos, que se libraban de pagar los impuestos gracias a su inaccesible vivienda. También vemos algunas cabras que viven bajo el Púlpito, formación de 25x25 m. que parece a punto de caer y que desde el barco parece un simple saliente de la montaña.
A continuación hemos bebido agua recogida directamente de una cascada que va a parar al fiordo (¡Vaya precisión para acercar el barco!) y de ahí hemos ido a merendar un tipo de gofres con mermelada y nata (que más bien parecía queso) en una cafetería al borde del fiordo. Antes de regresar, pasamos bajo la granja que habitó un desertor de la 1ª Guerra Mundial, expulsado de Noruega por dedicarse a destilar alcohol.
Si a la ida había llovido un poco, a la vuelta diluvia, y aunque intentamos resitir lo más posible en la cubierta para tener mejores imágenes, nos rendimos y entramos en la cabina. Al llegar al puerto embarcamos de nuevo en el crucero y para matar el tiempo mientras partimos... volvemos a merendar.
Después de cenar vamos a un espectaculo de hipnosis y a dormir. Fin de la jornada
Entramos con el barco hacia la Fantahala o cueva de los vagabundos, que se libraban de pagar los impuestos gracias a su inaccesible vivienda. También vemos algunas cabras que viven bajo el Púlpito, formación de 25x25 m. que parece a punto de caer y que desde el barco parece un simple saliente de la montaña.
A continuación hemos bebido agua recogida directamente de una cascada que va a parar al fiordo (¡Vaya precisión para acercar el barco!) y de ahí hemos ido a merendar un tipo de gofres con mermelada y nata (que más bien parecía queso) en una cafetería al borde del fiordo. Antes de regresar, pasamos bajo la granja que habitó un desertor de la 1ª Guerra Mundial, expulsado de Noruega por dedicarse a destilar alcohol.
Si a la ida había llovido un poco, a la vuelta diluvia, y aunque intentamos resitir lo más posible en la cubierta para tener mejores imágenes, nos rendimos y entramos en la cabina. Al llegar al puerto embarcamos de nuevo en el crucero y para matar el tiempo mientras partimos... volvemos a merendar.
Después de cenar vamos a un espectaculo de hipnosis y a dormir. Fin de la jornada
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